El primer libro que Polo Ediciones vende directo en esta nueva tienda es Demoler sin derrumbarse, de Fabio Grigorjev: un ensayo sobre por qué la inteligencia artificial se ve en todas partes menos en el estado de resultados de las empresas.

Empieza sin rodeos. Antes de contar nada, el autor firma un contrato con quien lo lee y le da, en la misma página, la manera de revisarlo. Así arranca el prefacio.

Si el que habla anuncia el final —que en unos años no va a quedar trabajo, ni verdad, ni tal vez especie—: nada. Si te tranquiliza con la misma seguridad —que es una moda, un autocompletar con esteroides, y que si un día molesta se la desenchufa, como a una plancha—: tampoco. Los dos discursos venden bien, los dos se dicen con aplomo, y tienen el mismo defecto. El que te asusta te pide que mires; el que te tranquiliza, que no mires. Ninguno de los dos te pide que decidas.

Este libro no te va a vender ni catástrofes ni planchas. Ése es el contrato, y son tres cláusulas: ni entusiasmo bendecido ni miedo alimentado; lo frágil antes del número; lo prestado se cita, lo propio se firma.

Ya sé cómo suena una promesa así en la primera página: exactamente a lo que diría alguien que te está por vender algo. No tengo cómo desmentirlo acá. Lo que sí puedo darte es la manera de revisarme mientras leés. Si en algún momento te cruzás con una cifra puesta ahí para impresionarte, con una fecha del futuro escrita como si fuera un dato, o con un párrafo que te manda a quedarte tranquilo sin darte con qué, cerralo y no lo abras más. Te lo estoy incumpliendo.

El prefacio sigue, y el libro arranca —un capítulo entero— en una fábrica textil de fines del siglo XIX, donde las dos palabras que trajeron al lector hasta acá no aparecen ni una sola vez.

Demoler sin derrumbarse se consigue en papel y en digital, directo del sello.